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Botas de fútbol para césped artificial

Escoger la bota de fútbol adecuada para la práctica de este deporte en una superficie sintética no es una tarea sencilla ya que hay muchos factores que debemos tener en cuenta. La innovación en los materiales que componen los campos de fútbol de césped artificial es constante y evoluciona sin cesar.


De los primeros campos de césped sintético que datan de mediados del siglo pasado a los que tenemos hoy en día en cualquier instalación deportiva hay grandes diferencias. Y como no puede ser de otra forma, se ha mejorado muchísimo en cuanto a materiales, acercándose cada vez más a su objetivo: ser lo más parecidos posibles a los naturales.


Estos céspedes artificiales modernos son los denominados de 3ª generación que incorporan partículas de caucho triturado y fibras de derivados plásticos de hasta 7 cm de longitud que se lastra, normalmente, con arena de sílice (por cierto muy abrasiva con las botas). También los hay con fibras de coco y otros rellenos que dejan entrever una posible 4ª generación. Todos estos materiales que se van incorporando, como el caucho o las fibras de coco, y otros parámetros como la longitud de los filamentos, pretenden emular las mismas condiciones que tendrían el balón y los jugadores en terrenos naturales.


Tanto es así que botas que estaban diseñadas para su empleo en terrenos naturales pueden ser usadas en terrenos artificiales gracias a esta evolución tecnológica sufrida por los campos de fútbol. Así pues, botas de fútbol diseñadas para terrenos firmes, denominadas FG (del inglés Firm Ground, que significa terreno firme en español), pueden ser utilizadas en los terrenos artificiales de última generación desde el punto de vista del rendimiento deportivo (en cuanto al desgaste de la bota cabe tener en cuenta que será mayor que en un terreno natural debido a la mayor abrasividad de los materiales presentes en un campo de césped artificial).


Pero al hablar de una bota de fútbol para césped artificial, es importante tener en cuenta si se trata de un terreno sintético tipo moqueta de 1ª ó 2ª generación (de los más antiguos) o uno de última generación. Aunque todos son céspedes artificiales, sus características geométricas y mecánicas y, por lo tanto, la influencia que tienen sobre el conjunto jugador-bota, son significativas.


Sin ser exhaustivos, los céspedes de 1ª ó 2ª generación son más compactos permitiendo escasa penetración de los tacos de la bota: si la bota no tiene la suela o tacos adecuados, éstos se pueden partir o provocar lesiones al jugador; además, el roce de la bota con el terreno puede acabar rompiéndola, ya que sus uniones no han estado diseñadas para resistir el roce con esos materiales.


Dicho esto, cuando se juega en un campo de césped artificial del que no sabemos muy bien cómo está construido, o cuál es el estado del mismo, es recomendable jugar con una botas con suela AG. Los fabricantes de botas de fútbol estudian y ensayan todo tipo de superficies sintéticas y convienen que los tacos que mejor se adaptan a ellas son los que denominan por las letras AG, acrónimo de Artificial Grass (césped artificial en español).


Si conocemos el campo y su estado de conservación, siendo éste de última generación y bien mantenido, podemos jugar con botas con suela FG. A diferencia de las AG, las FG suelen estar compuestas por un menor número de tacos, más largos e incisivos para penetrar mejor en los terrenos, pero carecen de refuerzos específicos para protegerlas frente a la abrasividad de estos tipos de terreno. En definitiva, si el campo es el adecuado podemos jugar aunque la durabilidad de la bota será inferior a la de una equivalente en AG.


Si resulta que jugamos en campos de césped artificial muy heterogéneos, unas veces muy compactos o de 1-2ª generación, y otras en campos de última generación, con fibra de coco o caucho, deberíamos de disponer, o bien de un par de botas AG, o de dos pares de botas, unas AG para los primeros, y otras FG para los segundos.


Por último, cabe resaltar que las botas se diseñan para maximizar el rendimiento del jugador sobre el terreno de juego partiendo de la base de que el futbolista está preparado físicamente y aguanta los esfuerzos a los que le somete el agarre de la bota al campo. Caso de que un jugador no esté bien preparado siempre es recomendable utilizar suelas con mayor número de tacos, más gruesos y más cortos en este tipo de terrenos. Es decir, siempre unas AG antes que unas FG en estos casos.

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