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Botas de fútbol

La elección de una bota de fútbol no es sencilla pues hay muchos factores. La innovación en el fútbol es constante y cada vez hay más productos para cumplir mejor las necesidades del jugador: nuevos materiales en campos de fútbol, botas con materiales más resistentes, etc.


Antes de comprar unas botas de fútbol, debemos tener claros los siguiente puntos:


-¿En qué tipo de superficie voy a jugar?
-¿Cuánto la voy a usar y cuánto quiero que me dure?
-¿Cuáles son mis características físicas?


Aquí vamos a intentar resumir y dar un poco de luz a estos tres puntos decisivos en la elección de una bota de fútbol.


Superficie de juego

La superficie de juego puede afectar el rendimiento del jugador, puede provocarle lesiones y puede dañar el equipamiento que este utiliza como son sus botas. Veamos cómo.


El jugador debe de ser capaz de agarrarse al terreno a través de su bota para así poder realizar cambios de dirección o sprints para los cuáles se necesita un apoyo fijo. Así mismo, no necesita un agarre excesivo en toda la base del pie en los giros ya que ello disminuiría su agilidad en el campo. Se debe pues estudiar las características de cada terreno y ver con qué tipo de bota se obtienen mejores resultados.


Los tacos de las botas de fútbol son los que proporcionan dicho agarre y, según su longitud, disposición en la suela, número y forma, y según el tipo de terreno en el que se empleen, se obtendrán mejores o peores resultados desde el punto de vista de rendimiento deportivo del jugador.


Cada marca diseña y lanza al mercado las botas que consideran que son las mejores para el rendimiento de los jugadores y clasifica sus suelas mediante unas siglas que, aunque no exista una normativa internacional que las defina, están aceptadas y consensuadas entre los fabricantes, y definen el tipo de superficie para el que han estado diseñadas. Así tenemos tres (3) tipos de suelas básicas con tacos: SG, FG y AG, en las que existe consenso entre los fabricantes de para qué terrenos se han diseñado.


Las primeras, las suelas o tacos SG, es un acrónimo que en inglés significa terreno blando (Soft Ground). Se entiende por terreno blando aquel que su superficie presenta poca consistencia debido normalmente a la presencia de agua. Es habitual en terrenos de juego de césped natural empapados por lluvia o exceso de riego o terrenos de tierra embarrados por el mismo motivo.


Las siguientes son las suelas o tacos FG, que significa terreno firme (Firm Ground). Se entiende como terreno firme un terreno con cierta consistencia y compacidad superficial. Se clasifican dentro de este tipo de terrenos los de césped natural seco o incluso parcialmente helado o terrenos de tierra poco compactos.


Por último, la suela o taco AG, acrónimo de Artificial Grass (Césped Artificial en español). Es el óptimo para la práctica del fútbol en céspedes artificiales.
Los terrenos sintéticos se diferencian de los naturales en que son materiales más abrasivos y que suelen tener mayor compacidad o rigidez, sobre todo los más antiguos, o los recientes cuando no se conservan bien. Esto los hace particularmente complicados a la hora de diseñar productos más resistentes y que ofrezcan grandes prestaciones a los jugadores.



Durabilidad de la bota

Aunque un tipo de suela pueda resultar adecuada para su empleo en un terreno de juego, la construcción de la bota, los tacos, el material de corte, las uniones de esta, etc., pueden no resistir la abrasión por el roce o contacto con ese terreno. Así pues, es habitual que las botas presenten desperfectos o roturas por su uso en terrenos más agresivos para los que han sido concebidas.

Las fibras que componen los campos de césped artificial así como los materiales con los que están rellenos (como la arena de sílice) resultan muy abrasivos tanto para la piel del jugador como para su equipamiento. Así mismo, los campos de tierra suelen ser también muy agresivos con los materiales reduciendo su durabilidad exponencialmente.

Otro de los elementos que más sufren y padecen las consecuencias de un uso inapropiado son los tacos de las botas de fútbol. Estos están pensados y diseñados para resistir en unas condiciones determinadas y, a veces, los jugadores los someten a unos esfuerzos para los que no están preparados. Así, por ejemplo, unas botas con tacos de cuchilla o blade, están diseñados para aportar una mayor tracción al jugador en un terreno de juego en el que el taco penetra o se clava en casi su totalidad en ese terreno; si se emplea dicha bota en un terreno más duro en el que el taco no se clava convenientemente, lo más probable es que este sufra y acabe rompiéndose: al no quedar sujeto por el propio terreno (caso que sí sucedería en caso de clavarse), el taco trabaja a ‘flexión pura’ y acaba partiéndose.



Características físicas del jugador

Por último, una persona que juega al fútbol debe de tener siempre presente que las botas han sido ideadas para ofrecer las máximas prestaciones desde el punto de vista del rendimiento del jugador: ofrecen agarre y tracción para que un jugador pueda competir al máximo nivel al que sea capaz.
Este es un punto crítico para un deportista, ya que podemos utilizar unas botas que nos ofrezcan un agarre excelente, pero si nuestro cuerpo no está preparado para resistir esos esfuerzos podemos ocasionarnos lesiones.
Son muy habituales en el fútbol lesiones que tienen que ver con ligamentos en rodillas o tobillos, caídas con golpes por deslizamientos o fatigas plantares que provocan las famosas fracturas por ‘estrés de los metatarsos’. Algunos de ellos son fortuitos y debidos a un mal gesto del jugador, pero otros muchos son debidos a una mala elección del tipo de bota. Se han hecho infinidad de estudios al respecto y las marcas los tienen en cuenta a la hora de diseñar sus botes, pero es el jugador quien toma la decisión final de jugar con un tipo u otro de bota y depende mucho de él. Si un jugador no está en forma o su cuerpo no está suficientemente preparado para resistir determinados esfuerzos habituales en la práctica del fútbol, debe ser consciente de ello y reducir la exigencia de agarre en la bota en pro de su seguridad. Así, por ejemplo, puede que la bota no le responda en una jugada complicada ya que no le propicie un agarre excelente pero gracias a ello se ha podido evitar una posible lesión en los ligamentos cruzados. Igualmente, una disminución del agarre, puede originar lesiones como sería la utilización de unos tacos no adecuados en un terreno muy blando.



Resumen

Finalmente, después de tantas variables a considerar, ¿cuál debe de ser el proceso de decisión adecuado?

Se trata de ver qué factores nos importan más que otros, ‘ponerlos en una balanza’ y ver cuáles pesan más según nuestros criterios. Cada jugador dispone de un presupuesto, tiene unos gustos determinados, prevé cambiar de bota cada cierto tiempo, tiene preferencia por una marca, color o diseño determinado, etc. Por ello, la decisión es muy personal. Además, cada persona le dará mayor o menor importancia a cada uno de los puntos que debe valorar para tomar una decisión. Por lo tanto, nosotros recomendamos que los factores como son el rendimiento en función de cada superficie y las garantías de no provocar determinadas lesiones, por el hecho de ser muy objetivos, deberían ser determinantes o tener un peso muy importante en la decisión.

Una vez valorados todos los puntos a favor y en contra de cada bota, su decisión será la que decante la balanza de los puntos favorables, siendo esa la bota que debemos elegir.